Reflexiones sobre una Bolivia que surge como nueva, pero que sigue sometiendo a la mujer

Reflexiones sobre una Bolivia que surge como nueva, pero que sigue sometiedo a la mujer

Por Nelson Vilca (comunicador originario)

Desde 2006 venimos trabajando en Bolivia, y lo que constantemente encontramos es el reclamo por cuestiones urgentes, pero no las profundas. Con esto no decimos que los avances de la Constitución, las diferentes leyes, el gobierno autónomo indígena y campesino, las transformaciones estatales, la visibilidad y participación de los indígenas y de la mujer, no sean cuestiones menores. Son cuestiones enormes, pero después de haber logrado estos avances en el marco jurídico y político, después de una lucha inmensa y altamente costosa, se produce una instancia de seguir viviendo las mismas estructuras patriarcales, con índices racistas casi invisibles pero presentes, con muchos casos de víctimas de discriminación. Con esto queremos señalar que los avances legales no son suficientes si las estructuras de la sociedad y de las instituciones siguen siendo las mismas.

Existen normas en los diferentes ministerios del Estado u organizaciones sociales para no tener actitudes racistas, sexistas y discriminadoras, pero la misma sociedad y su integrantes insisten en tener estas actitudes. Por ello nos preguntamos: ¿de qué sirven las normas si nadie las cumple y no hay afectación, ni sanción efectiva para los que incumplen estas normas de convivencia? Lo concreto es que si bien existen sanciones legales en las normas constitucionales, nadie las aplica, lo que provoca finalmente un dejo de enseñanza de impunidad y del mal comportamiento como normas a seguir. El buen comportamiento solo lo tienen los sumisos y carentes de poder.

También se encuentran muchos argumentos o discursos de que aquellas personas que eran víctimas de discriminación, y ahora -en el tiempo actual en que ostentan poder- son acosadores y discriminadores de terceros. Muchas veces estas acciones pretenden ser justificadas argumentándose que ayer eran víctimas y ahora tienen el derecho de explotar, victimizar y perseguir a otras personas por el solo hecho de haber sufrido atentados. Ahora, como están en una situación de poder, creen tener la potestad de hacer todo aquello que antes criticaban y que ahora como están con recursos y medios, dicen: “ahora nos toca a nosotros”.
A veces solamente vemos el problema, el conflicto o el síntoma como meta. Se busca luchar contra la violencia, la discriminación, la explotación y la sumisión de los pueblos, pero no vemos que somos nosotros los que mantenemos esta situación cuando no atacamos al origen de los problemas. Solo vemos su emergente, que puede ser el síntoma, la pus, el dolor, el llanto, el caso de femicidio, la corrupción o la violación del menor.

Si este es un mal de muchas sociedades, en la comunidad boliviana se ve muy afianzada, en especial en la campesina y la originaria. En las grandes ciudades también se ve la presencia del doble discurso, en el que se dice una cosa pero se hace otra. Entonces, la lucha por la liberación de los pueblos no se logra en la realidad; solo se cambia de rótulos, de discursos y de colores políticos, pero al final se termina repitiendo los mismos argumentos y paradigmas, lo que mantiene el estatus de una sociedad injusta y desigual. Solo se cambian los roles, pero se mantiene la misma sumisión. Un ejemplo de ello es el diálogo que tuvimos con una abogada, que fue consultora y técnica en la producción de la ley contra la violencia a la mujer para la Cámara de Diputados. En ese diálogo nos comentó que estaba arrepentida de la aprobación de la ley contra la violencia pues en su espíritu tenía grandes avances, pero en la manipulación y acuerdos que se cerraron para su aprobación se desfiguraron muchos significados o intenciones. Se construyó algo, pero a la hora de la aprobación se quitaron palabras que señalizaban muchas otras acciones que ahora no están. Por eso la abogada veía como algo negativo la nueva ley contra la violencia a la mujer. Sigue manipulándose la sensibilidad de la mujer. No se le brindan los recursos ni elementos para que se efectivice la justicia y la reparación del delito de violencia contra la mujer. Solo se las mantiene en un constante sufrir y penar por los juzgados, sin encontrar consuelo ni ayuda de ninguna clase.

En la aprobación de la ley muchas legisladoras, entre ellas mujeres de pollera (campesinas e indígenas) no querían aprobar la ley porque tenían miedo de que con esa herramienta legal muchos de sus hijos podrían ir a la cárcel pues estos tenían conductas violentas. Muchos de los hijos bolivianos mantenían, desde su niñez, la figura de la mujer sumisa, complaciente, servicial y sirvienta, como lo había enseñado su mama y su entorno familiar. Entonces, las mismas personas encargadas de transformar esta realidad a través de la ley no estaban convencidas de esta transformación, más que nada porque sus propios entornos eran violentos.

En Bolivia la mujer es considerada como una desgracia pues cada vez que nace una mujer su vida está rodeada de sufrimiento. Muchas de las mujeres solo se hacen a la idea de que deben sufrir y solo esperan el calvario. Algunas campesinas al nacer sus hijas no le prestaron el cariño y la atención debida con el argumento que esa niña solo será un caso más objeto de maltrato y explotación. ¿Cómo remediar, entonces, esta figura si cuando se quiere transformar la realidad social los organismos que dicen criticar estas actitudes son las mismas que mantienen estos condicionamientos? Cuando hablamos de organismos o instituciones estamos hablando del sistema social, educativo, sanitario, judicial, policial y el ejército. Si bien existen leyes y reglamentos que están en contra de todo machismo y de la opresión de un género sobre el otro, en la realidad y en la cotidianidad esto no se transforma solamente con discursos de igualdad.

“Tan solo quiero ser libre, no importa si debo pelear mil años o toda mi vida por ello, solo eso quiero hacer y, por ende, no dejaré ningún esclavo con cadenas, pues todos nacemos libres y todos merecemos ser felices”.

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Acerca de vilcanelson

comunicador e investigador en derechos humanos
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