Poner en palabras los sentimientos (como curar y ser curado)

Al final de año uno siempre uno realiza un balance entre lo positivo y lo negativo que ha sucedió en el año o en los años que pasaron.

Observamos si hubo coincidencias, transformaciones, avances o retrocesos, e incluso analizamos si valió la pena o no nuestro quehacer.

Hace 18 años que venimos trabajando en la temática de derechos humanos, si bien en diferentes aéreas, como ser desde un acompañante terapéutico, bailarín de danzas folclóricas, militante en el centro de estudiante en la facultad de Psicología o en el rol de comunicador e investigador en derechos humanos. Y la pregunta constante es que si realizamos o no nuestro trabajo, si vale la pena o no continuar.

Las acciones que se pueden realizar, muchas veces se tiene la esperanza y las ansias de provocar una acción y solidaridad de la población, pues lo contrario, la inacción, produce una impunidad y una continuidad de la problemática. Cualquier acción por más mínima que sea, en el medio de la nada, es algo que brilla y sobresale por más pequeño que sea, pues antes que la nada, es algo.

Nosotros no conocemos el futuro, así que no sabemos lo que puede producir nuestras acciones, pero si sabemos que si estamos realizando debate, entrevistas, marchas, reclamos, entrevistas con dirigentes, líderes y políticos de turno, es porque la lucha existe y no es una ficción. La ausencia de la lucha, puede producir en la gente la creencia de que las necesidades, que la problemática por la cual luchamos no existe y es un invento, un mito urbano, o una leyenda, una fantasía. Pero al estar presente en el debate, dando respuesta a los que niegan estos problemas, damos a entender que no es una ficción que es una realidad y que está provocando una enorme impunidad.

Otro dato importante es que cuando escuchamos las entrevistas y los testimonios de las víctimas, suele aparecer la frase, porque a mí”, “que mal hice para merecer esto”.

Y seguramente la respuesta sea ninguna, no había razón para que violen a una persona, maten, torturen o persigan a una persona, no hay justificativo, pero al realizar nuestro  trabajo como comunicador, como nexo y aliviador de esta problemática, estamos muchas veces utilizando las herramientas más eficaces ante tanta injusticia y desesperación que es la palabra, el silencio, la escucha y la empatía.

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La Palabra es la herramienta más poderosa, y eso no significa que hablamos nosotros todo el tiempo, si no que nos referimos a la palabra de las victimas que nos cuentan su pesar. Si bien estamos desenterrando penas y dolores y volvemos a hacer revivir algo que puede ser angustiante, a la vez se está realizando una catarsis y una acción concreta para obtener justicia, que es el testimonio que nos acerca a la verdad.

Si bien es cierto que hay que tener mucho cuidado al escuchar el testimonio de la víctima, es decir no abusar del estado de vulnerabilidad de la víctima y no atormentarla si esta no quiere dar testimonio, si no que dar su tiempo y espacio, pero dejando en claro en todo momento que solo queremos ayudarla.

Pero una vez que publicamos esa información o debatimos la problemática en diferentes espacios y medios, nos encontramos con que existen miles de víctimas y que estaban calladas, pero al saber de este testimonio empezaron a hablar  y dicen “a mí también me paso”.

Reconocer que es lo que nos duele es a veces complicado, decimos una inmensa cantidad de síntomas pero no sabemos cómo explicar el origen de toso nuestros males, solo las consecuencias.

Por eso cuando nos damos cuenta que hay otras personas que le sucedieron algo similar, eso le da las fuerzas para compartir y decir su experiencia.

Las personas nos cuentan hechos de su historia personal que ayuda a que la justicia actué, y que la impunidad no prospere.

EL TESTIMONIO DE LA VICTIMA ES EL FACTOR DESEQUILIBRANTE ENTRE LA JUSTICIA Y LA IMPUNIDAD.

Si las victimas no denuncian es imposible saber lo que sucede en una comunidad, a veces existe rumores, dichos, pero nada concreto, pero si alguien se anima a hablar, eso hace un efecto dómino en donde empiezan hablar otras víctimas y así al final podemos saber las dimensiones exactas de la problemática.

Pero esto que nombramos de poder hablar sobre lo que nos paso, no es fácil, y esto sucede porque no encontramos las palabras correctas para expresar nuestros sentimientos, o tenemos miedo el que dirán, o simplemente no podemos hablar porque estamos  amenazados o porque no nos creen. Es por eso que a veces necesitamos la ayuda de otro para mentalizar más eficazmente y entrar en un ámbito de confianza y seguridad para poder hablar. Cada individuo tiene capacidad para ordenar su pensamiento, pero cuando hay una crisis, puede ser que necesite un acompañamiento, en alguien en quien confiar.7382_10154309170683912_7402063978055607957_n

El mentalizar eficazmente requiere el diálogo con los otros; a menudo se da un sentido mayor a lo que se está sintiendo o lo que se está hablando. Muchas veces la víctima se culpabiliza.

La victima puede comenzar sintiendo un vago “disgusto” y, en el curso de la conversación, llegar a reconocer que se siente herido, avergonzado y resentido.

Coexisten tres variables o puntos importantes de resignificar en un dialogo que sería útil deslindar: a) la dimensión interactiva del diálogo y del mentalizar(pensar en lo que estoy diciendo y sus consecuencias, el darse cuenta), b) las intervenciones de un otro confiable (amigo, terapeuta, o el escucha receptivo) que ayuda a adoptar un punto de vista más objetivo,(alguein que escuche atento y que le de opciones, para que la persona que hable no se sientan tan afligida y sin salidas) c) la traducción en palabras propias de su experiencia y la relación de esto con el funcionamiento reflexivo (o mentalización). La mentalización o reflexión de los hechos narrados puede ocurrir en la entrevista o luego de ella.

Una forma de hacer esto, es cuando se pone por escrito determinados pensamientos y vivencias.

Cuando escribimos esto, pareciera que estamos hablando con un terapeuta y no de un comunicador, en realidad cuando hablamos, dialogamos con las victimas y nuestros entrevistados hay mucho de todo, somos comunicadores, somos terapeutas, pero antes que nada, somos seres humanos , y somos seres sensibles, así como somos seres espirituales. El alma se trasluce a través de la mirada, de los gestos, de los silencios, de la palabra, somos nosotros los escuchas de esos testimonios los que hacemos de traductores de esos mensajes ocultos.
Si bien es importante el vínculo que existe con el entrevistado, pero la mayoría de las veces las entrevistas son cortas y luego no hay continuación de la comunicación. Creemos que es importante el respeto y la escucha, mas allá de que si es noticia o no para los titulares, bebemos ser claro y concreto en nuestros diálogos, y ser sinceros con nosotros mismos y con los otros, y decir que se puede hacer y qué es lo que no se puede hacer, según nuestras limitaciones, pero siempre la herramienta del puente, es decir,  dar otras alternativas, otros espacios u otras personas que pueden ayudar, eso hace que la conversación sea provechosa para ambos, para quien cuenta la historia y para quien la escucha.

En todo mensaje hay una dimensión de variables y una dimensión enorme de protagonistas, no hay una violación, asesinato, u atropello a los derechos de una persona.

Es una comunidad, es una familia que está dolida y es un sistema que atenta en el ocultamiento o esclarecimiento de la verdad.
Conversar con uno mismo tiene muchas ventajas, según afirman especialistas en salud mental. Es un desahogo y rebaja la tensión emocional. Poner palabras a los sentimientos, con público o sin él, ayuda a sacarlos de la cabeza. A veces la gente tiene miedo de hacer este ejercicio pues pareciera que estuviese loco, pero es mejor decir los sentimientos que guardarlo.

 

Los sentimientos que no se pueden adecuar a la palabra se acumulan en la memoria emocional. Por ejemplo, las imágenes y los olores de una situación de terror se quedan en la memoria emocional y sólo convirtiéndolas en palabras pasan a la memoria verbal. Lo más sano es pasar lo que se acumula de la memoria emocional a la verbal.

Pero no todos podemos hacer esto existe una enfermedad que se llama ALEXITIMIA, que es la incapacidad para expresar con palabras sus propios sentimientos. En realidad, los alexitímicos parecen carecer de todo tipo de sentimientos aunque el hecho es que, más que hablar de una ausencia de sentimientos, habría que hablar de una incapacidad de expresar las emociones.406907_4828425027346_1898502199_n

Pero la escusa de padecer una enfermedad, de no saber cómo expresar los sentimientos, no es una escusa para no aprender, son muchas las herramientas para ello, y el arte es una, la música, la pintura, el canto, la danza o lo que fuese que te despierta tu capa emotiva es el camino para poder aliviar todas las penas y una forma de aliviar esas piedras pesadas que llevas en el lomo es poder dialogar, hablar, poner en palabras tus sentimientos para lograr no solo curar tus heridas, si no también curar las heridas de tu población de tu comunidad, de tu ciudad, de tu familia de tu mundo.

El Poner en palabras los sentimientos te cura y nos cura a todos.

 

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Acerca de vilcanelson

comunicador e investigador en derechos humanos
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